• entrega de canasta familiar

Posiblemente ninguno de los que hoy estamos vivos habíamos vivido un momento tan terrible y complejo. Nada había logrado que se paralizara totalmente el planeta; que los hombres y mujeres por largos días tuvieran como único espacio para moverse los metros cuadrados de su vivienda; que la economía de grandes y chicos pendiera de un hilo, del mismo hilo; que el ego de los gobernantes fuera aplastado de la manera más despiadada; que los brabucones se quedaran sin palabras; que los grandes negocios se quedaran sin piso. Tremendo. Pero en este caos, aparecen los invisibles, los que históricamente han luchado por la vida, los que han defendido la humanidad, los que creen en el planeta, a los que les importa el dolor del otro, los que han asumido como tarea compartir su felicidad, los que han colocado por encima de un buen negocio a un buen amigo, los que prefieren abrazar para apretar la ternura que amasar para disfrutar de una fortuna.

Escribo esto como un homenaje a todos ellos, médicos, enfermeros y enfermeras, campesinos, trabajadores humildes recolectores de basura, en fin, una larga lista. Pero en especial en este momento a los trabajadores de Fedar, a los hombres y mujeres que durante estos días se la han jugado entera por los niños, niñas y jóvenes en situación de discapacidad. Quienes al llamado de salir a buscar a los más vulnerables se calzan sus guantes, se colocan su tapabocas, un gorro y un montón de amor en sus corazones y salen a la búsqueda de las familias, para entregarles un pequeño mercado y cargamento de esperanza, con la ilusión de que juntos saldremos adelante. A aquellos que en sus casas escriben palabras llenas de amor y compromiso, armando tareas para que los niños, niñas y adolescentes, tenga cómo invertir su tiempo, a quienes, pegados de un celular, llaman a cada una de las familias para preguntar, ¿cómo esta?, cómo van las tareas?, cómo está la situación en casa?. porque ellos y ellas por estos días no paran de trabajar y su trabajo se extiende hasta tarde la noche, para tener la certeza que algún día todos y todas, dormiremos BIEN. Ellos y ellas se acuestan cansados con una sonrisa y la certeza que nuevamente, se hizo la tarea. Desde la soledad que me acompaña al escribir estas palabras me asomo al cielo y debajo de las estrellas aplaudo a cada uno de los compañeros del equipo FEDAR, a los que estamos aquí en Popayán, como a los que están en el Valle de Guamuez.

Mil gracias por llevar en el corazón los principios que dieron vida a FEDAR.


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